IREMA CURTO KENNELS

 Livestock Guardian Dog

PERRO DE GANADO MAJORERO

 
 

EL PERRO MAJOR 

   Mi perro Major era ya casi adulto cuando vino a Verme a Tamaimo –Tamaimo es un pueblecito en el noroeste de Tenerife, en donde vivía yo por aquel entonces- un matrimonio joven para ver si tenía algún cachorro de presa a la venta. Yo no tenía cachorros en aquellos momentos, pero vieron a Major. Les hablé de la raza. Al parecen no la conocían. A la vuelta de unos pocos años Rogelio Galván (criador de perros de presa por aquel entonces)  me dijo que en Tacoronte, un poco más abajo del cementerio, a mano izquierda en un chalet había un perro majorero impresionante de capa bardina. Sin pérdida de tiempo fui en busca del perro.Sus propietarios eran el joven matrimio que me había visitado en Tamamo interesados en la compra de un cachorro de presa. No recuerdo bien si me dijeron que tenían familia en Fuerteventura, lo cierto es que de Lajares (Fuerteventura) se trajeron aquél perro, de cachorro, al que le habían puesto de nombre Major, y una cachorra, que una vez adulta y después de criar  se les había muerto, luego trajeron otra del mismo pueblo. Esta perra era inferior en calidad al perro. Major era extraordinario, grande, fuerte, con mucho instinto de guarda y valiente. Era extraordinario.

   Pasados diez o doce años un sábado vino un amigo a decirme que le regalaban un perro majorero adulto. Se lo había diño un veterinario. Mi amigo no entendía de perros, y menos de perros majoreros, así que me pidió que si podía acompañarlo a Tacoronte  para ver el perro. Si tú crees que es bueno -me dijo- me quedo con él, si luego no puedo tenerlo te lo traes tú al criadero. La idea no me pareció mala, si mi amigo no podía tener el perro por la razón que fuera vendría a parar a mi criadero. Perfecto.

   Mi amigo y yo nos fuimos a ver el perro.  Era grande, fuerte, con mucho temperamento. Lo que son las cosas de la vida. Era hijo de Major y de la segunda perra que trajo de Lajares  el matrimonio que me visitó en Tamaimo.

   El perro era de un anciano. Una noche el anciano llegó a su casa de madrugada de jugar a las cartas borracho, el perro le atacó, le desgarró la chaqueta, le hizo daño. A partir de esa madrugada, el anciano le tomó miedo al perro y no veía la hora de quitárselo de encima. El perro fue a parar a la finca de mi amigo. Mi amigo me dijo, muy contento, si en algún momento no puedo tener el perro te lo llevas tú. De acuerdo, le contesté, pero lo realmente importante es sacarle cría con alguna perra que sirva, porque a mí, como tú sabes, es seguir con la cría del Perro de Ganado Majorero.

   Al cabo de un tiempo a mi amigo su suegro le regaló una cachorra majorera procedente de un cabrero de Telde (Gran Canaria). La cachorra se hizo adulta y mi amigo la apareó con el hijo del Major, que entonces tenía unos nueve o diez años. En conversación amistosa le dije a mi amigo que no se olvidara de que yo estaba interesado en aquella futura camada. El me dijo que no me preocupara, que él se quedaría con algo y el resto me lo podía llevar yo. La perra parió tres cachorros. Cuando los cachorros tenían un mes y medio aproximadamente fui a verlos, a caballo. Los cachorros estaban preciosos, tenían buen tipo, eran vivaces. ¿Cómo sólo eran tres le dije a mi amigo, ¿cuándo me llevo el mío. Mi amigo me miró airado y me dijo, por estos perros me han ofrecido dinero. ¿Qué me quieres decir con eso?, le interrogué, y añadí, ¿cuánto tengo que pagarte? No, porque tú vendes los pastores alemanes a cien mil pesetas, me dijo. Entonces yo lo miré de frente y le dije, sin levantar la voz, Hasta hoy hemos sido amigos, nunca más seremos amigos, me monté en mi caballo y me fui.

   Pasado cierto tiempo vino a verme un amigo (llamado Diego) y me dijo que mi ex amigo le había regalado un cachorro majorero muy bonito. Un día te lo traeré para que lo veas. Entonces yo le conté lo que me había pasado con mi ex amigo. Sí, la verdad es que es un poco raro el hombre, me contestó. Mi amigo no faltó a su palabra, cuando menos lo esperaba me trajo el cachorro para que lo viera. Tendría unos siete u ocho meses y era muy bonito.

   Siete un cocho meses después, un amigo me dijo que Diego estaba vendiendo el perro majorero por treinta mil pesetas. ¿Treinta mil pesetas?, exclamé, ¿y por qué lo vende? Porque en una pelea con un presa se le ha caído un colmillo. Cuando este amigo se fue llamé a Diego. Hola, Diego, soy Manuel Curtó, que me han dicho que vendes el perro majorero. Sí, me contestó Diego. En treinta mil pesetas. Sí. Porque ha perdido un colmillo. Sí. ¿Tú puedes traérmelo al criadero hoy?, si me lo puedes traer sobre la marcha te lo pago.

   Ese mismo día, Diego me trajo a Canario, que así se llamaba, y llama, el perro. Canario. A los pocos días llevé a Canario al veterinario para que le hiciera una radiografía de cadera. Estaba libre. Qué alegría. Canario era, y sigue siendo a sus diez años de edad, un perro soberbio, muy típico, de los que ya no quedan. De canario tengo una excelente, y numerosa, descendencia. Su criador, mi ex amigo, desde hace varios años no tiene perros majoreros.

 

                                                                                                                           

 

 

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