El Perro de Presa Canario y las peleas.

   Esta tarde un joven peruano me ha mandado un whatsApp diciéndome, <<Maestro, Vd. dispone de material audio visual (vídeo) de pelea entre perros de presa?>> -he transcrito tal cual-. A lo que yo le he respondido, No. Es un tema que no me interesa.

   A mi entender, las peleas, o  pechadas como se le llamaba en Canarias, datan de principios del XX, y se prohíben a mediados de la década de los 40. Poco a poco declina la afición, hasta tal punto que desaparecen, en la práctica, lo mismo que los perros tipo presa, que no eran otra cosa que producto de cruces entre Bulldog Inglés, Dogo Alemán, Perro de la Tierra (Gran Canaria), que era un can de ganado, cuyo origen hay que buscarlo en la España peninsular, Perro Majorero –del mismo tronco-, y  Mastín Español. Al parecer el Mastín Inglés  y el Bullmastiff no se conocían en aquellos años en las islas, según testimonio de viejos peleadores que entrevisté de mediados de la década de los 70 a principios de los 80. Y es a partir de los 70 cuando renace la afición de las peleas, o pechadas, de manos de algunos viejos peleadores, que no es menester traer aquí, cuyos nombres y apellidos de algunos de ellos puede encontrar  el interesado en mi libro << El Perro de Presa Canario, su  verdadero origen>>.

   Pero debido a que las peleas de perros están prohibidas por Ley puedo afirmar que han dejado de practicarse. Queda, sí, algún nostálgico en Gran Canaria y en Tenerife que pelean  perros más de boca que en la realidad. Hoy hay muchas más aficiones, y más sanas, que en aquellos tiempos.

  Las peleas de perros eran una afición del pueblo llano, de la gente sencilla, del medio rural y de los barrios marginales de las ciudades, poco populosas si las comparamos con las de nuestros días. Y no vaya a pensarse que eran tan numerosos los peleadores de perros, ni los perros de pelea. Las familias humildes, de medios económicos muy menguados, se alimentaban con serias dificultades, y más entonces que el índice de natalidad era mucho más elevado que en nuestros días.

   En estas últimas décadas con el renacer de la afición a los perros tipo presa se ha mitificado mucho aquel pasado, tanto es así que no pocos aficionados actuales afirman que en la casa de sus abuelos  siempre hubo perros de presa.  <<Pero cómo íbamos a tener perros de presa, con lo que comen, si no teníamos dinero ni para comprar gofio>> -para quien no lo sepa, gofio es harina de cereal tostado y molido (yo lo como todos los días con leche de cabra y miel de abeja para desayunar) me dijo un anciano aficionado a este tipo de perros. Bueno, en unas casas los habría y en otras no, pero lo cierto es que eran muy apreciados como perros de guarda y para el manejo del ganado vacuno.

   Hoy se asocia con demasiada facilidad, y frecuencia, al Perro de Presa Canario con las peleas, y con las apuestas con dinero de por medio. Y se habla de ello con tanta ligereza y desconocimiento que se queda uno pasmado. Puedo afirmar sin temor a faltar a la verdad que la inmensa mayoría de los canarios no han visto una pelea de perros de presa en su vida. Me estoy refiriendo a la población actual, no a la de los años en que las peleas de perros y carneros y gallos eran ciertamente populares.

   En nuestros días al Perro de Presa Canario no se le cría y selecciona pensando en las peleas sino para la guarda y la defensa, ni siquiera para trabajar con el ganado vacuno,  que ya no se suelta en el campo. Hay quien lo utiliza  también para la caza del jabalí, con muy buen resultado por cierto. Para este fin el perro debe ser de mediano tamaño, temperamental y con buenos pulmones y caderas.

Manuel  Curtó Gracia

Tenerife, 14 de diciembre de 2014