Los perros de presa fueron traídos a Canarias, lo mismo que los perros de Ganado, los podencos, los perdigueros, y otros, por los conquistadores y colonos, de España. Hay referencias sobradas en las Ordenanzas de Tenerife, en los acuerdos de los cabildos de Tenerife y Fuerteventura. Estos perros, ya en Canarias, se utilizaban para el pastoreo, para la guarda, y para el agarre en el sacrificio de las reses vacunas, y, por supuesto, se les echaba a pelear cada vez que sus dueños querían probar su coraje. Y claro está que es una completa estupidez pensar en peleas organizadas en el archipiélago canario. O sea, que el Perro de Presa Canario desempeñaba las mismas funciones cientos de años atrás en otras latitudes sus ancestros. Luego vino la decadencia y casi total extinción –en estos momentos (1991) podemos hablar de su total extinción–. Doce o trece años atrás renace la afición a estos perros, pero esta nueva afición obedece ya a otros intereses, y se gesta, más que en el medio rural, en las zonas urbanas. Hay una toma de conciencia que poco a poco se va generalizando y que deviene en lo que podemos denominar, la nueva afición al Perro de Presa Canario, raza canina que hay que reconstruir, ¿Y cómo? En eso estamos enzarzados muchos aficionados. Los entendidos en temas caninos saben que reconstruir una raza canina, con su consiguiente fijación genética, no es tarea fácil, ni cosa de dos días.

En trabajos precedentes he expuesto de qué razas caninas foráneas se ha echado mano para tal fin, con mejor o peor criterio. De los resultados obtenidos hasta la fecha también se ha hablado. Ahora se trata de poner coto a ciertos cruces (experimentos) que se suceden ininterrumpidamente y que no conducen a nada positivo. Se ha cruzado, ¿verdad?, porque no había ejemplares de la estirpe antigua, cruces algunos imprescindibles (otros, varios, prescindibles, por supuesto, y que no contribuyen más que a complicar la ya de por sí difícil selección del perro de presa que intentamos perfilar). Y la mejor manera para parar en seco esos cruces (o al menos dejarlos fuera de juego) es elaborando un proyecto de estándar de la raza. Nos es imprescindible en estos momentos un prototipo racial que se ajuste al Perro de Presa canario real, y éste es el que fue famoso durante varios siglos en Canarias. Quiero decir que si los perros de presa canarios no tienden a asemejarse a los presas antiguos cabrá hablar de una nueva raza que nada tiene que ver con aquélla. Hay que dar a las cosas su verdadero nombre. El nuevo Presa canario tiene que asemejarse al primigenio, de lo contrario hemos fracasado, no yo, todos los criadores de estos perros.

En estos momentos pocos, muy pocos, son los ejemplares que se parecen física o psíquicamente a los presas antiguos, pero los hay. El Perro de Presa Canario antiguo era un animal corpulento, ancho, de estatura media (entre 58 y 65 centímetros a la cruz), y tendía a ser más largo que alto. Su cabeza era voluminosa, pero no exagerada, y el cráneo equivalía, poco más o menos, a dos tercios del total de la longitud de la cabeza, correspondiendo un tercio al caño nasal o trufa. El Perro de Presa Canario no era chato y arremangado de trompa (respingón). La depresión nasofrontal poco acusada, el canal frontal muy evidente, y los maxilares muy desarrollados; la dentadura completa (sin carencia de premolares), y sin prognatismo. El Cuello del Perro de Presa Canario era, y debe ser, muy robusto, y extraordinariamente ancho en la parte superior, y los hombros muy poderosos; el costillar amplio, pero no en forma de barril, y profundo; el vientre recogido; el lomo, como en todos los perros de agarre, fuerte y robusto; los cuartos traseros musculosos y poderosos, condición indispensable para una buena impulsión, y no muy angulados, y el corvejón próximo al suelo. En cambio, las angulaciones de las extremidades anteriores deben ser bien pronunciadas. El Perro de Presa Canario era, y debe ser, ligeramente más alto en la grupa que en la cruz, y cuando evoluciona sobre el terreno su cabeza no excede la altura de la cruz, y mueve considerablemente, a un lado y a otro, la parte posterior (cuando camina). El nacimiento del rabo de este can debe ser alto, y grueso y carnoso en el primer tercio, afinándose luego progresivamente hasta la punta. En reposo no debe rebasar el corvejón, y cuando el perro está en acción el porte natural es elevado, en forma de cimitarra.

En cuanto al manto podemos decir que hubo perros de presa blancos, negros, bardinos, leonados, pardos, y manchados; esta realidad no hay quien pueda rebatirla. Así, pues, los nuevos presas no tienen por qué ser distintos; luego allá cada cual con sus preferencias. Quien los quiera bardinos que los críe bardinos, y quién los quiera negros que los críe negros, y así el resto de los mantos, pero que nadie quiera imponer sus gustos al resto de los criadores. Y la piel debe ser gruesa y suelta, de tal manera que cuando tiremos de ella se desprenda del cuerpo con facilidad, pudiendo formar pliegues en los hombros si el animal levanta la cabeza por encima de la altura de la cruz. El Perro de Presa Canario ostenta doble papada, o papada partida en dos, que arranca de ambas quijadas, y los belfos deben ser poco caídos.

Muy importante en el Presa canario es el peso. Mi opinión es que el macho debe pesar de Cuarenta y ocho a cincuenta y cinco kilogramos, y la hembra de cinco a siete kilogramos menos. Evidentemente la mayor parte de los presas de nuestros días no pasan de los treinta y cinco/cuarenta kilogramos. La explicación a esta realidad es clara, para la reconstrucción de la raza se han utilizado perros, con frecuencia, de poco peso. No voy a abundar más sobre las razas que se han utilizado, ahora no viene al caso.

El aspecto psíquico del Perro de Presa Canario es quizá el más importante, para que exista una correcta correspondencia con su poderío físico. Debe ser un animal serio, como meditabundo, de pocos juegos, nada revoltoso, cariñoso, algo independiente, y de mirada casi humana. Esas miradas felinas, desconfiadas, oblicuas, de ojos pequeños, no se corresponden con la verdadera manera de mirar, de observar todo a su alrededor, sin moverse, del genuino Presa Canario. Este no es un perro andariego, es de caminar más bien pausado, se apoya mucho en el tren delantero, y mira siempre en torno, como si anduviera malhumorado. Su malhumor siempre lo manifestó con los extraños, humanos o caninos. Es un can muy seguro de sí mismo, de pocos ladridos, y cuando ladra lo hace reposado, cavernoso.

Hoy vemos muchos perros de presa canarios que no paran de ladrar, con o sin motivo, desaforados, y lo hacen a modo de graznidos, y no digamos de su manera de correr, galopan como si fueran perros de caza. Éstas ni fueron ni deben ser las características del Perro de Presa canario que la Sociedad Canina Española debe reconocer.

El temperamento del Perro de Presa canario debe ser el de un animal soberbio, poseído de sí mismo, difícil de sobornar, si ha sido criado al margen de las caricias de personas extrañas desde pequeño. Este can no ha temido ni debe temer al palo, ni a las amenazas. Todo lo contrario, debe ser fácilmente irritable si se le molesta, o si se entra en su territorio.