El Club Español del Perro de Presa Canario y algunos recuerdos.

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Decía José Ortega y Gasset, y así lo dejó escrito, que para comprender la realidad presente es imprescindible tener un claro conocimiento de lo que ha sido el pasado, y sólo así podremos entrever el futuro que se avecina. Claro que Ortega se refería a la realidad pasada, no a la historia escrita. Así, pues, para comprender qué es lo que ocurre en el seno del Club Español del Perro de Presa Canario, y el por qué, es imprescindible haber vivido intensamente la afición al Perro de Presa Canario en Tenerife y en Gran Canaria, haber conocido a la mayoría de los viejos y nuevos aficionados que han coexistido en estos diez últimos años, haber visto en vivo los últimos ejemplares de presa “tradicionales (?)”, haber comparado ejemplares fotografiados hace treinta, cuarenta, o más años. 

En estos momentos oye uno con excesiva frecuencia a individuos improvisados hablar de tal o cual perro, que tenían en su casa, cuando eran niños, de cómo peleaban, y de cómo el padre o el abuelo enterraba la cachimba en el campo arado y ya de vuelta a casa mandaba al perro a buscarla, o las llaves, o la hoz, o de cómo se echaba en la manta y no dejaba que nadie se acercara, y de lo inteligente que era, que no le faltaba más que hablar, y así, estos señores, o señoras –siempre hay alguna señora–, sin más conocimientos, sin más datos, sin más trabajos, se revisten de autoridad y hablan, y opinan. Y por supuesto que no saben decirnos si aquella multitud de ejemplares caninos que nacieron, vivieron y  murieron en Canarias se correspondían por su tipo, si eran alanos, presas, etc,  traídos a las islas por los conquistadores y colonos españoles.

Recuerdo que, hace tan sólo cinco años, venía con mucha frecuencia por mi casa el actual secretario del Club Español del Perro de Presa Canario, don Manuel Martín Bethencourt, a hablar conmigo, a preguntarme qué era eso del Perro de Presa Canario, que él recordaba que siendo niño había visto algún que otro perro grande y cabezudo caminar detrás de las carretas tiradas por bueyes en la zona de La Laguna y Las Mercedes (Tenerife), y me preguntaba por sus características, y se entusiasmaba cuando yo le decía que había que recuperar la raza, costara lo que costara, aunque para ello tuviéramos que echar mano de algún ejemplar foráneo para cruzar. Enseguida este señor me planteó la necesidad de fundar el Club Español del Perro de Presa Canario. Claro que él no sabía que hacía ya algunos años uno había escrito una carta a la Sociedad Canina Central Española recabando información para la fundación del club, carta que nunca fue respondida, si no recuerdo mal. Luego no hicimos nada al respecto porque consideramos, algunos aficionados en Las Palmas, que apenas había ejemplares de presa, y que nos era indispensable, para la fundación del club, disponer de tres o cuatro familias básicas que nos permitieran trabajar. Así se lo dije a Manuel Martín, pero él me contestó: Mira, Curtó, si no fundamos nosotros el club lo fundará Juan Quevedo Martinón con sus amiguetes, y el estándar de la raza lo elaborarán tomando como modelo su perro Felo. Por los comentarios que me hacía, el hoy secretario del Club Español del Perro de Presa Canario no sentía ningún tipo de simpatía hacia el señor Quevedo, y no me explicaba el por qué. Luego, viendo que para mí la fundación del Club era irrelevante en aquellos momentos, ya que lo que realmente me preocupaba era la recuperación de la raza, no vino más por mi casa. Al poco tiempo el señor Martín Bethencourt se unió al grupito del señor Quevedo, y sin demasiados preámbulos fundaron el club –los estatutos, según he sabido después, los elaboró Enrique Fajardo, con la colaboración de José Enrique García, que nada tenían que ver, ambos, con los presas, ni creían en la raza–.

Primero criar, seleccionar, cruzar si es preciso, e ir fijando una base genética lo más amplia posible, con los perros existentes en Gran Canaria y en Tenerife, y después la fundación del club, porque si fundamos el club ahora –le decía yo– sin contar con los ejemplares necesarios de reconocida tipicidad haremos el ridículo frente a los jueces oficiales en las exposiciones. Fundaron el club aprisa y corriendo y han hecho el ridículo. Y entre ellos las disputas han sido tremebundas. Se han creado grupitos y grupúsculos –el CEPPC no es más que un grupito de amiguetes con sus perritos endogámicos y la mayoría de los aficionados y criadores, con nuestros perros, nos hemos quedado fuera. Lo difícil es la constancia en la cría, la selección, y vuelta a empezar. Y lo fácil es dejarse llevar por el afán de figurar.

Comentario al club del Presa Canario y  algunos recuerdos

Este artículo, publicado en El Día el 16 de noviembre de 1984, fue mi primera crítica abierta a los miembros del club del Presa Canario y su política. En el ambiente se respiraba el desacuerdo de la mayoría de los aficionados (lo mismo en Tenerife que en Gran Canaria) acerca de su manera de hacer las cosas. Su primer presidente, Enrique Fajardo, era a su vez delegado de la Sociedad Canina de Canarias en Tenerife, y lo ignoraba todo del Perro de Presa Canario, y viendo que el carro-club no caminaba vino con su esposa a mi casa para hablar conmigo. Me contó cosas, que aquí no vienen a cuento, o no quiero que vengan, y me propuso (insistentemente) que entrara a formar parte de la directiva del club que presidía, «porque con esa gente no se puede hacer nada» –palabras textuales de Enrique Fajardo–. Yo, a mi vez, le agradecí la invitación y le dije que con aquellos bueyes no se podía arar, así pues que no contara conmigo. Al cabo de equis tiempo, Enrique Fajardo dejo ser presidente del CPPC y su puesto lo ocupó Juan Quevedo Martinón, quien durante toda su gestión sólo fue una especie de figura decorativa. El cerebro gris “de la movida” fue, en todo momento, “mi discípulo,” Manuel Martín Bethencourt. Digo mi discípulo porque este señor aprendió sus primeras letras caninas conmigo en mi casa, y de mi casa se llevó sus primeros perros de presa. Maján de Irema Curtó primero, hijo de Tamay de Irema Curtó y Felo, y Teguise de Irema Curtó después, hija de Guama de Irema Curtó y Gruñón –éste Bulldog de pura raza, importado de Sudáfrica–. Hermano carnal de Teguise es Campeón de Irema Curtó, y también Tinguaro de Irema Curtó. De estos perros, y algunos más del afijo Irema Curtó, descienden la mayoría de los perros de presa de Tenerife. No hay más que estudiar sus árboles genealógicos.

Manuel Curtó Gracia, Tenerife, 1991.