El Perro de Presa Canario será una realidad

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Señorita Josefina Gómez-Toldrá, señor Salvador Gómez-Toldrá, señores de Planeta Agostini: El Perro de Presa Canario no es una raza, será una raza. Eso deseamos y esperamos, y para ello trabajamos muchos aficionados en Canarias. Será una realidad racial con los años, lo mismo que lo fue antaño, y cientos de años atrás. He leído con detenimiento, con atención, el fascículo publicado por Planeta Agostini titulado, Perro de Presa Canario (Perro de Pelea Canario). Y pienso que le han hecho un mal servicio, no al perro de presa canario que se cría en estos momentos, que todavía no es, en absoluto, una raza, sino al Perro de Presa Canario que puede llegar a ser. El afán de protagonismo hace a muchas personas dar pasos en falso. Ese querer ser los primeros, (salti qui salti, peti qui peti, en catalán), (caiga quien caiga, en castellano). Con ese fascículo se da al mundo cinófilo una imagen falsa de la realidad llamada Presa Canario. El Presa Canario actual, la diversidad de ejemplares existentes en estos momentos en el Archipiélago Canario, no se corresponde con lo que se dice en ese fascículo. Triste realidad. Los presas del Club Español (será español este club cuando sea reconocido por la SCFRCE), de Tenerife, no son el Presa Canario, son solamente una parte de lo que se cría en Canarias. En estas islas se crían más perros, muchos más, en Tenerife y en Gran Canaria.

Los criamos muchos que nada tenemos que ver con ese club. Muchos somos los criadores que no estamos de acuerdo con la política que hasta la I Muestra Regional de Perros de Presa Canarios (19 de octubre de 1.987) han seguido los miembros del referido club. Quede bien claro que la labor realizada desde los años setenta hasta este momento en la cría/recría, recuperación/reconstrucción del Presa Canario no se debe sólo, ni mucho menos, a ese “grupo de cinófilos orientado y dirigido por el Club del Perro de Presa Canario”, como ustedes dicen en su desafortunado fascículo. No, el grupo al que hacen referencia es insignificante en relación con el número de aficionados que criamos en Canarias. Cuanto se lee en ese fascículo es la versión que el CEPPC ha presentado de puertas a fuera, diciéndose el único club reconocido por la Central Canina Española para la recuperación de la raza. Esa pretendida exclusividad la han mantenido hasta la víspera de la I Muestra Regional de Perros de Presa Canarios. La víspera, digo (18 del X de 1986), en mesa redonda nos reunimos don Valentín Álvarez, presidente de la RSCFRCE, un miembro de la Comisión de Razas Caninas Españolas, el presidente de la Sociedad Canina de Canarias, un veterinario representando a la Consejería de Agricultura y Pesca del Gobierno de Canarias, el presidente del Club Español del Presa Canario, su secretario, el presidente del Club de Perros de Presa Canarios de Gran Canaria, y un servidor de ustedes, y como oyente, sentada aparte, la redactora jefe de la revista El Mundo del Perro.

Bien, en esa mesa redonda llegamos a acuerdos sumamente importantes, y ello fue posible gracias al señor presidente de la Canina Central Española, al representante de la Comisión de Razas Caninas Españolas, y al señor presidente de la Sociedad Canina de Canarias –hoy, 1991, puedo decir que esos acuerdos fueron posibles gracias a la presión que ejercimos la “oposición”, acuerdos que luego el Club Español del Presa Canario y la Canina Central Española incumplieron en su totalidad–. Y estos acuerdos fueron los siguientes: Que a partir de esa fecha nadie iba a significar más que nadie en la recuperación/reconstrucción del Presa Canario, que ningún club, de Tenerife o de Gran Canaria, iba a ostentar la exclusividad en ese quehacer que a todos nos interesa, que cada año tendrá lugar una muestra (atiendan, que digo muestra, no exposición) de perros de presa canarios en ambas provincias canarias, y posteriormente nos sentaremos, con miembros de la Comisión de Razas Caninas Españolas, aficionados diversos de las dos provincias a debatir. Por consiguiente, no hay estándar (patrón racial), ni proyecto de estándar, ni nada parecido sobre “el Presa Canario”, entre comillas en estos momentos. No precipitemos la realidad. No pongamos la carreta delante de los bueyes. Que nadie se crea eso de “proyecto de estándar” que aparece en el fascículo de marras. Ni alturas en la cruz, ni longitudes, ni cabezas, ni rabos, ni mantos, ni nada. Eso ya se ira viendo. Por supuesto que cada cual puede fijarse su propio estándar, cada club, pero eso sólo para su uso interno.

Los perros que aparecen fotografiados en el fascículo de ustedes son propiedad de (o criados por) unos señores que pertenecen a un club, el del Perro de Presa Canario. En Gran Canaria hay también un club, importante, muy importante, compuesto de setenta y tantos socios, entre los que se cuentan criadores destacados, criadores de verdadera solera. Y en Gran Canaria hay más aficionados, más criadores, sin ser los de ese club. Y hay otro club, menos importante. Pero cuidado, que en esta parte del siglo solemos relacionar importancia con número, con volumen. Y sabido es que la importancia radica en el sujeto, en el individuo. Un individuo puede, en un momento determinado de la historia, significar mucho más que todo un colectivo. No cabe duda de que los clubes tienen su importancia, pero no toda la importancia. Los clubes tienen sólo su importancia. En estos momentos significativos son todos y cada uno de los perros de presa que se crían en Canarias, los críe quien los críe. Y mientras no vayamos concretando, los aficionados todos, con el tiempo, ningún ejemplar de presa canario tiene por qué ser más que los demás. Mis perros pueden significar mucho para mí, ser los mejores, pero ello no deja de responder a un análisis meramente subjetivo. Eso creo que es lo que ha pasado con los miembros del Club Español del Perro de Presa Canario y sus perros. Son importantes para sus propietarios, y no es para menos, puesto que son el producto de su trabajo. Pero, atentos, sólo son eso, sus perros. Hay otros clubes, otros criadores, nuevos y viejos, de nombre y con más experiencia (permítaseme utilizar el adjetivo cuantitativo) y conocimientos, y lo mismo puedo decir de otros aficionados y criadores que no pertenecen, ni desean pertenecer, a club alguno, por las razones que sea. Aficionados, criadores todos que tienen su propia voz y quieren ser escuchados, tenidos en cuenta, y por supuesto que tienen mucho que decir, y lo dirán, con sus palabras, y con sus perros, en esas muestras anuales, en las que no se va a competir, repito, sino a mostrar lo que se está haciendo y cómo, lo que se está criando.

En el fascículo en cuestión dicen que el origen de los presas canarios se debe a los ingleses, o mejor dicho, al cruce de perros ingleses traídos a Canarias en pleno siglo diecinueve con el Perro de Ganado Majorero. Yo lo creí así también, en otro tiempo, y lo escribí y lo publiqué en el diario El Día (Tenerife), y en la revista canina El Mundo del Perro. Pero de entonces acá ha llovido mucho, y hay quien no quiere enterarse. Varios siglos atrás se menciona ya (en los Acuerdos del Cabildo de Fuerteventura, en los Acuerdos del Cabildo de Tenerife, y en las Ordenanzas de Tenerife) al perro de presa. El Perro de Presa Canario antiguo descendía –procuré demostrarlo en un trabajo titulado Los Perros de los Conquistadores y Colonos de Canarias, publicado en El Día, del que parece no tienen ustedes noticia– del Perro de Presa Español. Deseando estoy que alguien aporte algo nuevo. No digo que el Presa Canario actual descienda, o el de los años setenta descendiese, de los perros de presa españoles.

Y en cuanto al Perro de Ganado Majorero me atrevo a decir, sin temor a equivocarme, que no desciende de los perros de los aborígenes canarios. Este perro ganadero (así se le llama en Fuerteventura, o Perro de la Tierra) desciende de perros ganaderos españoles. Este can fue numeroso en todas las Islas Canarias a partir de la conquista y colonización, no antes. Esta realidad es fácilmente comprobable y demostrable. Pero para ello hace falta nada menos que partir de unos datos, de una realidad pasada y presente (ahí están los perros, ahí está la historia), no de prejuicios. La historia de Canarias está plagada de falsedades, de prejuicios, de mentiras, de verdades a medias. Los perros de los aborígenes canarios eran los llamados canchas, que los conquistadores y colonos llamaban zatos o gozques, palabras ambas castellanas. Estos perros “eran unos zatos o gozques pequeños que los naturales criaban y llamaban cancha” (Fray Alonso de Espinosa).

Y no quiero pasar adelante sin dejar bien claro que “bardino” significa una determinada capa, o manto, de determinados perros y otros animales domésticos (ver Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico, de J. Corominas, y J.A. Pascual). Y que “verdino”, o “berdino” es degeneración de la primera (bardino), y significa lo mismo, determinado tipo de manto en un perro, res vacuna, caballo, cabra. etc. Bardino no significa raza, ni en el caso del Perro de Ganado Majorero, ni respecto al Perro de Presa Canario, que algunos (norte de Tenerfe) llaman berdino. Y por supuesto que bardino, o berdino, no quiere decir perro chato, como ha escrito en su sección habitual en El Día el periodista Elfidio Alonso.

Y me sorprende leer lo que sigue en el fascículo de referencia: «De no haber sido por  el movimiento actual de revalorizar el patrimonio histórico-cultural que, en este caso, el Gobierno de Canarias está llevando a cabo conjuntamente con el Club Español del Perro de Presa Canario a través de la consejería de Agricultura y Pesca…». Sí, a la Consejería de Agricultura y Pesca la han metido en este asunto, delicado asunto de los presas canarios. Don Juan Quevedo Martinón, presidente del tan traído y llevado club, trabaja en esa consejería. He ahí la raíz de la cuestión. Y me parece a mí que flaco favor le han hecho a la Consejería de Agricultura y Pesca. Seguro que dicha consejería, sus funcionarios más destacados, de quienes dependía el sí o el no, se prestaron a colaborar de buen grado (en el aspecto financiero nada más, que yo sepa). Luego se habrán dado cuenta, supongo, de que les han hecho meter la pata hasta la ingle. El primer paso en falso lo dieron (¿se lo hicieron dar?) publicando aquel célebre tríptico en cuyo margen superior se lee: Gobierno de Canarias, Consejería de Agricultura y Pesca. Luego hay un perro de presa y debajo reza: Perro de Presa Canario (el perro de presa, era, si no estoy equivocado, el llamado Felo, propiedad del señor Quevedo Martinón –así se hacen las cosas–). En este tríptico se han basado ustedes, hermanos Gómez–Toldrá, fundamentalmente, para dar a luz su fascículo “Perro de Presa Canario”.

Y al término del fascículo se lee: «El club controla la mayor parte de los cruces que se están llevando a cabo; gracias a lo cual es posible un muy pronto reconocimiento por parte de la sociedad canina oficial y, posteriormente, por la Fédération Cinologique International». No me anima, está claro, la idea de atizar el fuego de la polémica. Ya dije que la víspera de la I Muestra del Presa Canario llegamos a un acuerdo, y éste es que nos vamos a dejar de tirarnos los trastos a la cabeza los unos a los otros, con o sin razón, pero como este fascículo, y cuanto lo ha motivado, es un pasado real inmediato que la cinofilia oficial internacional, y no oficial, no conoce en el más mínimo detalle, hay que, no tirar de la manta sino informar. Nada más sano que la información. Una información veraz lleva al conocimiento, sino exacto sí muy aproximado de la realidad. Y lo importante, en estos momentos, es que se sepa en qué punto se halla el Perro de Presa Canario, al margen del afán de protagonismo de algunos, y del afán de lucro de otros (con frecuencia unos y otros son los mismos).

El Club del Presa Canario no controla la mayor parte de los cruces que se están llevando a cabo. No señor. El Club, ningún club, es nada sin los individuos que lo componen. Club es una asociación, una sociedad de personas equis. Estas personas equis, que son el CEPPC, sólo controlan sus cruces, han controlado, mejor o peor, a su gusto y capricho, sus perros. Pero de eso a decir, “la mayor parte de los cruces…” hay un abismo. A mí nadie me ha controlado nada, y me parece que en el mundo del Presa Canario (aunque no haya expuesto en ningún momento mis ejemplares, que ya vendrá) significo algo, y lo mismo puedo decir de muchos otros aficionados y criadores. No, señores, la realidad es muy otra Salvador Gómez–Toldrá, Josefina Gómez–Toldrá, PlanetaAgostini. Espero, confío, deseo, que el tratamiento del resto de las razas caninas que presentan en su Gran Enciclopedia Canina haya sido/sea más afortunado.

Y encima me incluyen en el apartado Bibliografía. No comprendo cómo se las habrán arreglado ustedes para barajar mis escritos, mis datos, con los aportados por El Club Español del Presa Canario.

Publicado por el autor en El Día el 25 de octubre de 1987.