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En Canarias a los perros de presa se les llamaba, se les llamó siempre, perros de presa, así, a secas. Lo de bardino, o berdino (norte de Tenerife) por la capa, o manto, y luego, por desconocimiento, se le ha venido dando un significado de raza. Por supuesto que a nadie se le debe ocurrir llamarle bardino canario. Pero sí, a alguien que no estaba muy puesto en el tema canino canario se le ocurrió, y era refiriéndose al Perro de Ganado Majorero. Luego escribimos a Madrid, a la Comisión de Razas Caninas Españolas, de la Central Canina Española, y les dijimos que no, señores, que eso es un error, que aquí no hay ninguna raza de perros que se llame así, en todo caso bardino majorero. Y luego, con el tiempo, uno descubrió que en Fuerteventura a este can se le llama Perro de Ganado, como en los Acuerdos del Cabildo de Fuerteventura, como en los Acuerdos del Cabildo de Tenerife, como en las Ordenanzas de Tenerife varios siglos atrás. Nada de perro basto, nada de perro bardino. Se le llama, sí, bardino al perro de ganado de manto bardino. En Fuerteventura el campesino anciano sabe muy bien qué bardino significa un determinado color de perro, u otro animal, un determinado manto.

En los perros de ganado majoreros hay, en estos momentos (1989), tres mantos característicos: bardino, negro (con patas bardinas) y gris arena. Es a todas luces falso que los perros de ganado majoreros negros sean producto de cruces entre perros de ganado majoreros y pastores alemanes negros de la Legión Española. La Legión Española asentó sus reales en esa isla hace pocos años. Perros de Ganado majoreros negros los ha criado y utilizado para el ganado y la guarda el hombre majorero «desde siempre», así me lo han dicho en Fuerteventura. Y el manto gris arena es tan antiguo como lo es esa raza en Fuerteventura. Y los blancos con manchas bardinas, bardinos con manchas blancas, grises con manchas blancas, leonados con manchas blancas. De color gris arena todavía quedan algunos ejemplares –pocos, esa es la verdad–. Lo que ocurre es que esta raza de perros está al mismísimo borde de la extinción. Hay quien dice que en Fuerteventura quedan todavía muchos de esos perros. Sí, quedan muchos, o algunos de esos perros de manto bardino producto de cruces diversos, perros sin casta, sin atractivo alguno, que a nadie que tenga un mínimo conocimiento de lo que es una raza canina y un mínimo sentido de la estética le interesan. Hace unos años, miembros de la hoy extinta Solidaridad Canaria se tomaron muy a pecho eso de recuperar “al perro bardino de Fuerteventura”, por aquello de qué descendía, según ellos, de los perros de los aborígenes de esa isla. Y sin tener muy claro el asunto canino en el que se metían/metieron acabaron creyéndose que sabían más acerca de esos perros que los mismos naturales de la isla. Hoy en día de esa aventura recuperadora no queda ni rastro, quizá para fortuna de la raza que nos ocupa.

En estos momentos los perros de ganado majoreros de manto bardino predominan, y les siguen los de manto negro con patas bardinas, y a los grises hay que buscarlos con lupa por toda Fuerteventura. Hasta tal punto esto es cierto, que algunos de los que se las dan de entendidos en las razas caninas canarias, cuando ven uno de esos perros de manto gris arena, o lobuno, dicen, socarronamente, que son producto de cruces con pastores alemanes.

Me comentaba don Luis Diego Cuscoy, siendo director del Museo Arqueológico de Tenerife, tres o cuatro años antes de morir, que cierta señora, o señorita grancanaria, apellidada Suárez Randall, miembro, al parecer, de Solidaridad Canaria, había ido a visitarle para convencerlo de que los perros de ganado majoreros descendían de los de los aborígenes majoreros, y que éstos los utilizaron contra los conquistadores franco-españoles que arribaron a sus costas. Don Luís Diego Cuscoy (según me dijo) le contestó que él no era un especialista en perros, pero que de algo podía hablarle, y era de que en Fuerteventura no se habían hallado restos de perros anteriores a la conquista, que sí se habían encontrado en Tenerife y en Gran Canaria, unos huesecillos de perros pequeños que se correspondían claramente con los que Alonso de Espinosa menciona en su Historia de Nuestra Señora de Candelaria (Tenerife), y los que describen Bontier y Le Berrier en Le Canarien (refiriéndose a Gran Canaria).

Y están los perros de presa. A estos también se les llamaba perros de presa de la tierra, y perro basto, y bordón, cuando se trataba de cruzados de Bulldog inglés. Pero claro, perro de la tierra es todo aquel chucho que es del lugar en que se cría y se utiliza para el ganado, para la guarda, para lo que sea.

A los perros de presa que se criaban en Canarias nunca se les llamó canarios (en Canarias), como si de una raza canaria se tratara. En los Acuerdos de los cabildos de Tenerife y Fuerteventura, y en las Ordenanzas de Tenerife se habla de perros de presa, y de perros de ganado. Luego pasa el tiempo y apenas encontramos referencias escritas de perros en Canarias. Y entramos en el siglo XX y nadie sabe nada de los perros canarios. José Gibert Buch, en su libro “Perros de caza en España” nos describe al perro «Barcino –así lo llama–, perro de brega oriundo de las Islas Canarias que excede en ferocidad y coraje, al cual, recientemente, se ha incluido en las rehalas monteras –escribe en 1975–. Al decir, entra por donde no se atreven hacerlo los demás perros y embiste a no importa qué cochino, aunque le doble el tamaño. Como el mastín, es considerado perro de diente. Por su aspecto –mediana alzada y ruana capa de medio pelo ni parece fuerte, ni feroz, ni acometedor, sino más bien un cualquier can guardador de ganado».

Está claro que el doctor Gibert Buch se refiere al Perro de Ganado Majorero, pero lo desconoce todo de él, aunque lo describe justamente. Hay alguna que otra referencia más sobre perros que se crían en Canarias, referencias sueltas que nada nos dicen ni aclaran, y por supuesto que en ningún momento se refieren a un determinado tipo de perro de presa que responda a un grupo racial llamado canario. Es a partir de mis artículos cuando se empieza a hablar del Perro de Presa Canario como si de un conjunto racial canino se tratara. Y no es mérito mío, dicho sea de paso, pues yo simplemente me limité, en su momento, y he seguido haciéndolo, influenciado por la cinología moderna, a catalogar a un determinado tipo de perro de presa que se criaba en Canarias con la denominación de canario, entendiéndolo (o presentándolo) como raza. Que lo fuera o no ya es otra historia. Para mí lo realmente importante era divulgar la idea de raza, para que la afición, poca o mucha, tomara consciencia y empezara a pensar en esos perros en términos de raza si se quería que ésta llegara a ser una realidad en el futuro. Y en buena medida ese fin se ha logrado. No digo el perro, del que todavía distamos mucho. Para mí, el Perro de Presa Canario todavía es un proyecto en proceso de gestación, por más que ciertas personas se empeñen en querer demostrar lo indemostrable, y es que tienen en sus manos, o en sus perreras, al Perro de Presa Canario como grupo racial diferenciado con una constante genética perfectamente fijada. Empezamos con buenas ideas, con buenos proyectos, luego las cosas se han torcido de tal manera, con los cruces y recruces indiscriminados, que difícil nos va a resultar llevar a feliz término el proyecto que nos propusimos.

Así, pues, la idea de raza respecto de los perros de presa que se criaban en Canarias fue servida, y ha sido asumida, a pesar de que todavía haya aficionados que hablen de bardinos, o berdinos, para referirse tanto a los perros de presa como a los perros de ganado majoreros. Lo difícil, claro está, es poner de acuerdo al personal, que por cabezonería, por el interés económico, o por el afán de figurar, es difícil reunirlo, o lograr que se reúna, en mesa redonda, para empezar a trabajar en serio. ¿Llegará ese momento?

Publicado por el autor en El Día el 15 de enero de 1989