Hay que seleccionar hembritas de buenas reproductoras.

   En el artículo precedente decía yo que el semental, o padrote, como se le llama en algunas partes, es el raceador, porque a lo largo de su vida puede cubrir a multitud de hembras de Presa Canario, pero que se cría con las hembras. Un buen lote de hembras selectas es imprescindible para criar calidad. Cuando digo un lote no se entienda multitud. Criar en plan granja no ayuda a la mejora de la raza. En nuestra mente de criadores siempre tiene que estar presente la idea de que lo primordial es producir perros típicos, sanos, y funcionales, y eso no es fácil, no nos engañemos.

    ¿Y qué entendemos por buenas reproductoras? Ahí está el quid de la cuestión. Buena reproductora es aquel ejemplar  que desciende de una línea de madres prolíficas, de partos fáciles, buenas lecheras, que atienden bien a la progenie, y que transmiten el conjunto de cualidades que consideramos altamente positivas en la raza.

     Nunca seleccionemos cachorras de madres que no respondan a estas cualidades, aunque desde el punto de vista del prototipo racial sean excelentes y procedan de buenas reproductoras. Claro que no sabremos si son, o van a ser, buenas reproductoras mientras no alumbren cachorros. Con ciertas frecuencia de buenas reproductoras criamos hembras que a la hora de la verdad comprobamos que no lo son, o bien porque presentan dificultades a la hora de parir, o de criar a los cachorros, o que no transmiten los caracteres de la raza deseados.

    Y claro está que de estas hembras nunca debemos seleccionar machos para sementales.

    Con harta frecuencia comprobamos que no son las hembras más espectaculares las mejores reproductoras, ni los ejemplares más imponentes los mejores raceadores. No.

    Por otro lado no es fácil dar con el semental que más le conviene a tal o cual reproductora. Y eso no se sabe antes del parto, de la hembra cubierta por dicho semental, sino después y a medida que la camada crece. Desde que los cachorros nacen hasta que cumplen el año iremos viendo cuáles destacan y cuáles no, y por consiguiente qué cachorro, macho o hembra, podrá ser4 interesante para  la reproducción. Luego ya se sabe, buena morfología, buena estructura –los sementales tienen que ser masculinos, las hembras femeninas-, buena boca, sin ausencia de premolares, la capa estándar, el color de los ojos -, la vivacidad, el carácter, el temperamento, y no pasar por alto algo tan importante como las radiografías de codos y caderas.

    Para saber cómo anda de temperamento el ejemplar  joven a seleccionar es imprescindible que supere con buena nota un poco de trabajo, primero en obediencia y luego de defensa, ataque y persecución en distintos escenarios y en campo abierto, evitando siempre la robotización, que tanto se da en el adiestramiento estándar encaminado a la competición. Esto mismo debe hacerse con las futuras reproductoras.

 Manuel Curtó Gracia

Tenerife, 17 de enero de 2015