Hablar hoy del Presa Canario no es nada fácil. Se puede decir mucho acerca no de ese can sino de esos canes múltiples y diversos. Seis o siete años atrás podía uno referirse al pasado, hablar de los pocos ejemplares que quedaban en aquel presente, y poco más. Y se podía hablar del futuro. Pero, ¿qué es el futuro? Hace poco leí una entrevista que le hizo Francisco Umbral a un veterano actor de cine y teatro (Escobar), quien dijo que el futuro es la única realidad posible, lo único que nos queda. No es nada tonto este actor. El pasado ya no existe más que en nuestro recuerdo. El presente no es más que un concepto. El futuro ya es otra cosa. Todos tenemos un futuro, por el que vivimos, el que nos motiva. El futuro es nuestra razón de ser. En el futuro podremos ser grandes, pobres o miserables, afortunados, ricos, felices o no. En fin, el futuro, nuestro anhelo.

Hace seis o siete años, varios aficionados al Perro de Presa Canario, en Tenerife y en Gran Canaria, ilusionados hablábamos, cada cual por nuestro lado, con nuestros conocidos y amigos, de nuestros perros, los del presente y los del futuro. Y proyectábamos, claro está. Pero los planteamientos de los aficionados de Gran Canaria no eran los mismos o semejantes a los de Tenerife. Los grancanarios criaban sus perros pensando en las peleas, entre otras cosas, que es como decir, los cazadores piensan sus perros para la caza. El mejor perro, por consiguiente, es el que mejor caza, el que más piezas halla. El mejor perro de presa es el más valiente, el más poderoso, el que no tiene rival. En Tenerife los proyectos, salvando alguna que otra rara excepción, respondían a otras ideas. Se pensaba (se piensa) en un perro de presa pero no para la presa. O sea, como decir una vaca lechera que no va a tener que dar leche. En resumen, una vaca lechera sólo en apariencia.

¿Y qué ha pasado?, ¿qué está pasando? Ya he dicho que no es fácil hablar, hoy, del Presa Canario. Los grancanarios, viendo que los perros de presa eran ya cosa del pasado, porque no quedaban ejemplares, se dispusieron a cruzar. La verdad es que empezaron a cruzar hace ya varios años, pero a muy pequeña escala y sin alborotos. Y lo cierto es que en aquellos momentos se podía pensar en ello sin necesidad de grandes desembolsos. Gustavo Rodríguez tenía mastines ingleses, y mastines napolitanos, que había importado de Inglaterra y de Italia. Este criador se cansó pronto de estos molosos –lo suyo era el Doberman– y los vendió –antes que Gustavo Rodríguez importó mastines napolitanos José Castellano– y no tardaron en cruzarlos pensando en las peleas de perros. Juan Santana, asociado al Juez de Instrucción Jaime de Lorenzo, se vio beneficiado con alguna adquisición. En una visita que en esos años hice a Gran Canaria (me acompañaba el actual secretario del CEPPC, Manuel Martín Bethencourt, hoy ambos, nosotros, irreconciliables) vi en sus perreras de la parte baja de Arucas perros de las razas Gran Danés, Mastín Inglés, Mastín Napolitano, Bulldog Inglés, Staffordshire Bullterrier, y una perra de Ganado Majorero de manto bardino. Estos perros los tenían para cruzar, pensando en las pechadas (peleas de perros).

Y también se benefició de esta venta don Manuel Alemán, carnicero de Arucas, gran aficionado de viejo a los perros de presa y a las peleas. El señor Alemán tenía en su casa al Guanche, que fue adiestrado por el anciano Pepe Ojeda, de Galdar. Hermano carnal de Guanche era mi perra Piba, perro que por más que le insistí no me dejó fotografiar. En la finca del señor Alemán vi una mastina napolitana negra y dos dogos alemanes, un dobermann, dos o tres productos, ya casi adultos, cruzados de Dobermann, dos o tres cachorros de unos dos meses hijos de la mastina napolitana con no sé qué. En otra visita a Gran Canaria vi cruzados de Mastín Napolitano a un cincuenta por ciento, cruzados de Bullterrier, de Mastiff, de Perro de Ganado Majorero con Mastín Napolitano, de Bulldog con no sé qué, y varios otros cruces, sin olvidar los productos cruzados de Bullmastiff. Y estos perros se peleaban, eso es de dominio público.

Y hace aproximadamente un año fui invitado a presenciar en Las Palmas una concentración de presas canarios –cuando digo presas canarios no se entienda raza– que los iban a medir con miras a un futuro patrón racial. De esta concentración de presas conservo varias fotografías, que si en estos momentos tienen su interés, en un futuro lo tendrán mucho más. Los ejemplares que en esa concentración vi, y fotografié, con la amable autorización de sus dueños, eran producto de los cruces dichos, y no había entre ellos uniformidad alguna, por supuesto. Unos eran más Mastín Napolitano, otros más Bullterrier, otros más Mastiff, otros más Bullmastiff, y así. Ese día se me invitó, por lo bajo, a presenciar una “pechada” (pelea de perros al estilo canario) en lugar desconocido, invitación que, debido a que mi avión para Tenerife salía aproximadamente a la misma hora que se iba a celebrar la riña de perros, tuve que declinar.

En esa concentración de presas se me habló del Berry, el perro de Tauro, cincuenta por ciento Mastín Napolitano, y del de Salvador, el fotógrafo de San José, que ya yo conocía, también cincuenta por ciento Mastín Napolitano. Y claro está que en esa concentración de perros no podía faltar Demetrio Trujillo, con alguno de sus perros negros como el azabache, y otros viejos aficionados que sería largo enumerar. Y algo me dijo, aparte, uno de ellos: «En Tenerife no saben lo que vale un perro, porque allí no se pechan perros».O sea, lo de la vaca. Pero el Club está en Tenerife, le dije yo en broma. ¡«Que se lo metan… A nosotros lo que nos interesa es criar buenos perros de presa, lo de la raza ya se ira aclarando. Nosotros haremos que nuestros perros poco a poco sean una raza, pero eso, una raza con c…». Y ahora vamos a dedicarle un poco de espacio, para estar completos, a lo que se ha venido haciendo, y se hace, en Tenerife. En esta isla no se practican peleas de perros, ni hay afición a ellas; si la hubiera habría peleas. Y, aunque se empezó algo después que en Gran Canaria, se ha cruzado también. Y vamos a ver con qué razas. Y nos permitiremos mencionar a alguno de los aficionados cruzadores, y espero con ello no molestar a ninguno de los aludidos. Antes de la fundación del Club Español del Perro de Presa Canario ya se estaba cruzando aquí, pero sin brío, o al menos como se está haciendo de tres años para acá. Y, cosa curiosa, pero que tiene su explicación, los que más cruzan, con mayor diversidad de razas, son los miembros del club de la raza, que según afirman ellos están recuperando “la raza”, o sea, el Presa Canario, del que afirman se remonta a siglos de antigüedad (el que tienen entre manos producto de cruces). Claro que, desde el presidente hasta el último socio (que son pocos los socios, esa es la verdad, para la cantidad de aficionados y criadores que hay) nadie tiene uno de esos presas antiguos, a los que yo llamo tradicionales. Los miembros del CEPPC se han limitado, y se limitan, a cruzar con Bullmastiff (doctor Mario Montequi, señor Martín Bethencourt), con Dogo de Burdeos, Perro de Ganado Majorero, Bulldog Inglés (señor Martín Bethencourt), con Staffordshire Bullterrier, Dogo Argentino (doctor Mario Montequi, que yo sepa). Y otros socios han cruzado, antes o después de la fundación del club, con Boxer, con Gran Danés, con Perro de Ganado Majorero, con Pastor Alemán, con Boyero de Flandes, con Bulldog Inglés, y con otras razas.

Y el CEPPC no para de ratificarse en eso de que «estamos recuperando la raza». ¿Pero qué raza? Pensamos en una raza, piensan en una raza, pero como están las cosas no podemos hablar de tal raza. Ya pueden venir de la Central canina de España, ya pueden venir jueces invitados por el Club, ya pueden presentar proyectos de estándar, que aquí lo que cuentan son los perros, su diversidad y su procedencia. Y cuentan los aficionados grancanarios, de los que el club pasa olímpicamente.

A los presas de gran canaria hay que tenerlos en cuenta, y observarlos con lupa; hay que seguirles el movimiento. Que lo importante no es lo que se presenta en las exposiciones, ni lo que digan los jueces (foráneos siempre y desvinculados de esta realidad canina), o lo que digan los componentes de la directiva del CEPPC, o escriban, echando mantos de humo para ocultar la realidad. Y otra verdad que no hay que echar en saco roto, en Tenerife se crían perros mansurrones, sin temperamento, las más de las veces. Porque lo que se mira no es el temperamento del animal, su bravura, su nobleza de carácter, su fortaleza física real. Se mira la pura apariencia, el color (o bardinos o leonados).

En Gran Canaria el color importa poco. Antes de ahora, y desde muy atrás en el tiempo, los perros de presa se seleccionaban por sus aptitudes, no por el color del manto. Blanco o negro, bardino o leonado, manchado o no, era lo de menos. Una buena embestida, la presa firme, y el aguante, esas eran las cualidades indispensables para un buen Perro de Presa Canario. El perro que reuniera esas características no podía ser, nunca, manso con los extraños, ni cobarde o tímido, ni se mostraba indeciso a la hora de lanzarse a morder al intruso humano. Ese es pues el buen perro para la guarda y la defensa de casas y haciendas. ¿Y el futuro? El futuro es una realidad que caminamos paso a paso. El Presa Canario lo hacemos minuto a minuto, día a día, año tras año, en Tenerife y en Gran Canaria (mejor en Gran Canaria –veremos si el tiempo me dará o no la razón–).

Pero una cosa debe quedar bien clara, y es que, el Perro de Presa Canario no es una raza todavía. Existen presas canarios, una diversidad de ejemplares que nada tienen que ver con una raza. Que el CEPPC crea que “comiéndole el coco” a los miembros de la Canina Central Española (¡ya! y sin pérdida de tiempo) van  a reconocer al Presa Canario, como raza, es asunto que a mí particularmente no me preocupa. El papel aguanta todo lo que en él se escriba, sea o no cierto, pero la realidad no está en el papel. La realidad está en manos de todos los que criamos presas. ¿Y qué interés mueve al autor para que no desee que se reconozca, de momento, al Presa Canario? Mueve al autor el Presa Canario que ha de llegar a ser: uniforme en su conjunto, de buena conformación, de extraordinario temperamento, y con todos los mantos tradicionales, que son, bardinos, leonados, bardinos y blancos, leonados y blancos, cenizos, pardos, y negros. Y todos con mordida en tenaza o tijera. Así eran los presas canarios antes de su extinción.

Publicado por el autor en El Mundo del Perro, Febrero de 1986.