Los primeros adiestradores de Perros de Canarias.

    En Canarias a los perros de presa, o tipo presa, no se les adiestraba. Cada propietario los educaba, en el mejor de los casos, a su manera, en el día a día, desde cachorros, y el que tenía instinto de guarda defendía su territorio de posibles intrusos. Estoy hablando de mediados de los 70 del siglo pasado para atrás.

    En Canarias no había adiestradores profesionales, había algún que otro aficionado, como Pepito Ojeda, en Gáldar (Gran Canaria). Él, precisamente, adiestró al perro Guanche, un hermano de mi primera perra de presa,  Piba. Según tengo entendido éste fue el único perro tipo presa que adiestró -quiero dejar claro que cuando digo tipo presa es porque en aquella época no había perros de presa de raza ni proyecto de tal en la mente de los que los criaban-.

    En Tafira (Gran Canaria) un adiestrador alemán con instalaciones propias (nada de particular), (el  único de la isla, que yo sepa) que en su país, al parecer, de joven adiestraba perros para el ejército nazi. Un amigo mío, Gilberto Barberá, le llevó una perra Dobermann para que se la adiestrara. Una vez fui con él a lo del alemán a ver la perra. El alemán era un hombre mayor, algo adusto -eso sería en 1973-. Cuando este adiestrador se retiró, su hija siguió adiestrando.

    En Tenerife la realidad no era distinta, con una diferencia, con respecto a Gran Canaria, y es que no había ningún alemán ex nazi que adiestrara perros.

    En 1976, a mi mujer, profesora de EGB, la destinaron como interina en el colegio de Tamaimo (Noroeste de Tenerife). En ese pueblito encerrado entre montañas con vistas al mar empecé mi nueva vida profesional, la de criador y adiestrador de perros. Recuerdo que cuando yo iba de un lado a otro por el pueblo con un perro a mi lado izquierdo, con el pelo largo y la barba que me llegaba hasta la mitad del pecho la gente me miraba, comentaba, se sonreía, o reía disimuladamente. Está claro que nunca habían visto a un sujeto tan raro por allí, y menos adiestrando perros.

    El primer perro que me trajeron a adiestrar fue un Doberman. Un médico de la capital de la isla (Santa Cruz), el doctor Méndez de Lugo -no recuerdo el nombre-, alto como un metro noventa, muy amable y cordial. Al cabo de dos meses se llevó su perro perfectamente obediente y centrado, por once mil pesetas de la época. Luego siguieron viniendo más clientes con sus perros para que se los adiestrara, y hasta hoy, que sigo en activo.

    Si no estoy equivocado, yo fui el primer adiestrador profesional de Tenerife, y durante muchos años el único.

     El primer perro tipo presa, ajeno, que adiestré, se llamaba Perico, tenía dos años de edad, era blanco, producto de cruce de perra Bóxer con un perro mestizo de Dogo Alemán con no se sabe qué, propiedad de Chelo el gomero -oriundo de La Gomera-. Perico era de Quico de la Paz Ledesma, vecino de Chelo (ambos residentes en El Ortigal, a unos dos kilómetros de donde yo resido desde hace treinta y ocho años).

     En aquellas fechas yo criaba con Piba y Boby, mis primeros perros tipo presa. De la segunda camada me parece que fue, Quico me compró una cachorra de capa grisácea con manchas blancas.

    Es muy probable que al alemán de Tafira nunca le llevaran a adiestrar un perro de presa, por la sencilla razón de que no había. Hubo, muchos años atrás, como ya he dicho y escrito tantas veces, perros tipo presa producto de cruces con razas foráneas (Dogo Alemán, Bulldog Inglés, Bullterrier, Mastín español, y perros de ganado de la tierra).

Manuel Curtó Gracia

Tenerife, 23 de enero de 2015