Parece que es el momento propicio para el reconocimiento oficial de esta raza canina canaria. ¿Cómo se va a llevar a efecto? Eso todavía no lo sabemos. Tengo oído, se me ha comentado, que en la Sociedad Canina Española están casi decididos a elaborar un proyecto de estándar de la raza sin contar con un muy numeroso grupo de criadores canarios extraordinariamente significativo, entre los que me cuento. Si eso es así puedo decir, me atrevo a decir, qué mal van a ir las cosas.

En una reunión mantenida en Tenerife, compuesta de miembros de la Sociedad Canina de España (con el presidente a la cabeza) y media docena de criadores de ambas provincias, se acordó que una vez se celebraran las dos muestras de perros de presa previstas (una en Tenerife y otra en Gran Canaria) nos íbamos a reunir, en Canarias, miembros de la Canina Central Española y aquellos aficionados de las distintas islas que tuvieran algo que decir acerca de la raza en cuestión, e íbamos a confeccionar el proyecto de estándar. ¿Se hará así? Eso deseamos muchos y esperamos que no se nos defraude. Lo contrario significaría un descarado menosprecio hacia los criadores que no pertenecemos (ni queremos pertenecer) al minoritario CEPPC. Las resoluciones importantes en política siempre se han tomado en Madrid (la metrópoli). Claro que, dé un tiempo a esta parte vivimos en un sistema democrático y, como consecuencia, los poderes se han descentralizado, afortunadamente para bien de todos y en perjuicio de los consabidos caciques y dictadorzuelos. En las dictaduras todo se hace de espaldas al pueblo y a puerta cerrada, “para hacer mejor las cosas”, dicen siempre, “para que no haya complicaciones”, “para evitar la polémica”. El Perro de Presa Canario no es un bien de la Central Canina Española, ni del presidente de la Sociedad Canina de Canarias, con sede en Las Palmas de Gran Canaria, ni del CEPPC. Es un bien de la colectividad canaria, y, con un matiz especial, de todos aquellos aficionados que los criamos. Cuidado, que digo de todos, no de unos pocos que se amparan en una legalidad un tanto, o un mucho, discutible.

El estándar del Perro de Presa Canario tenemos que elaborarlo en Canarias, en mesa redonda, en la que podamos sentarnos aquellos aficionados que desde hace varios años trabajamos seriamente para que esta raza canina salga a flote. Mesa redonda en la que se sienten los miembros de los clubes que quieran y los independientes que quieran, que somos algunos y significamos algo en esta empresa canina. Y que nadie le tema al debate, y que nadie tema sentarse en una mesa en la que se sienten personas que piensan de modo distinto sobre el mismo tema. Vivir en dictadura es lo otro, donde sólo caben los que designa el mando.

Y otro punto muy a tener en cuenta. Una vez elaborado el estándar y reconocido el Perro de Presa canario ¿quién lo va a juzgar? El estándar está compuesto de unas medidas, unos datos, un algo para orientarse. Sólo los criadores y aficionados sabemos (unos mejor que otros) como es/debe ser, poniéndonos poco más o menos de acuerdo, la raza que nos ocupa. No quiero ni siquiera imaginarme como juez a un señor foráneo que nos venga de improvisado para unas horas a seleccionar a aquél, o a aquéllos ejemplares de presa que con arreglo al estándar (con su manera peculiar de entenderlo) para luego ser expuestos como modelos prototípicos a seguir por la afición en general.

Digo yo que para evitar semejante desaguisado habrá que hacer algo. Y no voy a referirme aquí a la Comisión de Cría del CEPPC, del que la mayoría poco, o nada, queremos saber, por razones que ya han sido expuestas en artículos y cartas publicados/das en diarios canarios y en El Mundo del Perro. Se me ocurre pensar que lo más acertado podría ser nombrar una comisión de aficionados (para tal fin) de ambas provincias canarias. La diferencia de pareceres en cuanto al Presa Canario es evidente, y la mejor manera para aunar criterios sería, pues eso, acuerdos previos entre ambas provincias y luego colaboración.

El Perro de Presa Canario y su Reconocimiento Oficial Fue publicado por el autor en El Día el 22 de noviembre de 1987.