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Salud· 6 min

Por qué alimentamos a nuestros perros con pollo crudo desde 1976

Wyka de Irema Curtó, Perro de Presa Canario del criadero Irema Curtó

En Irema Curtó llevamos alimentando a nuestros perros con pollo crudo desde 1976. Desde el primer año del criadero. Cuando todavía no existía el debate sobre BARF ni los influencers de nutrición canina, ya comprábamos carcasas de pollo crudas cada jueves y las repartíamos entre los perros.

No fue una decisión ideológica. Fue sentido común.

El punto de partida: ¿qué come un perro?

Manuel Curtó lo dice sin rodeos:

"¿Qué come el lobo? Básicamente carne. El lobo no come croquetas."

Un Presa Canario es un perro moloso con siglos de historia en las Islas Canarias. Sus ancestros comían lo que había: presas, vísceras, huesos. La evolución no le diseñó el sistema digestivo para procesar harinas de cereal extruidas a alta temperatura. Eso no significa que el pienso no tenga su lugar, pero significa que hay que tener claro qué es cada cosa.

La pregunta no es "¿se puede alimentar a un perro con pienso?". La pregunta es "¿qué nutrición le da realmente lo que necesita?"

360 kilos por semana

Cada jueves llegan al criadero las carcasas de pollo. Estamos hablando de 360 kilogramos semanales. Es una operación logística seria, no una experiencia casera de fin de semana.

Cada perro recibe entre 7 y 8 carcasas. No es una cantidad aleatoria: es el resultado de décadas observando cómo se desarrollan los animales, cómo mantienen su musculatura, su pelaje, su dentición y su nivel de energía.

No hay secreto. Hay consistencia.

El mito de los huesos peligrosos

Este es probablemente el punto donde más confusión existe, y vale la pena ser muy preciso.

Los huesos crudos no perforan el tubo digestivo de un perro. Los huesos cocinados, sí.

El calor cambia la estructura molecular del hueso. Lo hace frágil, astillable. Un hueso cocido se rompe en esquirlas afiladas que pueden perforar el esófago, el estómago o el intestino. Un hueso crudo se dobla, se mastica, se deshace de manera progresiva. El sistema digestivo del perro está diseñado para manejarlo.

En cincuenta años de criadero, con cientos de perros alimentados con carcasas crudas semana a semana, no hemos tenido un solo problema sanitario atribuible a la alimentación. Ni uno.

Lo que sí puede hacer daño

Dar un hueso cocido pensando que es "más seguro" porque está cocinado. Esa es la equivocación que vemos con frecuencia. El procesado no hace las cosas más seguras en este caso: las hace más peligrosas.

El pienso: herramienta, no dogma

No somos fundamentalistas. En Irema Curtó también usamos pienso de calidad como complemento. La clave está en esa palabra: complemento.

Lo que rechazamos es la idea de que el pienso de marca veterinaria sea nutricionalmente superior por el hecho de ser caro y tener el aval de una consulta. Hay mucho negocio detrás de esas recomendaciones y bastante menos ciencia de la que se publicita. El pienso puede ser una herramienta útil, pero no es la panacea que venden.

La variedad importa. No alimentamos a nuestros perros solo con pollo. El pollo es la base, pero se complementa con otros alimentos de calidad. La dieta equilibrada no es un eslogan: es una práctica diaria que requiere criterio y conocimiento del animal.

Cachorros: el error de sobrealimentar

Aquí hay un punto crítico que muchos propietarios de Presa Canario ignoran, y tiene consecuencias serias.

No hay que sobrealimentar a los cachorros.

La sobrealimentación en la etapa de crecimiento acelera la displasia de cadera y codo. Un cachorro que engorda demasiado rápido somete sus articulaciones a una presión para la que todavía no están preparadas. El resultado es un perro adulto con problemas articulares que podrían haberse evitado con un criterio más conservador en la alimentación durante los primeros meses.

Más no es mejor. En nutrición canina, como en muchas otras cosas, el exceso hace daño.

Los resultados hablan

Los perros de Irema Curtó con cruces de Majorero alcanzan con regularidad los 12 a 16 años de vida. Para un moloso de tamaño grande, eso es una longevidad notable.

Hay muchos factores que contribuyen a esa longevidad: genética sana, selección rigurosa, condiciones de vida adecuadas. Pero la alimentación no es un factor menor. Un animal que come bien desde cachorro, que recibe los nutrientes que su fisiología requiere, tiene una base sólida sobre la que construir una vida larga.

Cincuenta años dan perspectiva. No necesitamos estudios de doce semanas para saber qué funciona. Lo hemos visto generación tras generación.

Si quieres conocer cómo trabajamos en Irema Curtó, cómo criamos y cómo alimentamos a nuestros perros, ponte en contacto con nosotros. Estamos en Tenerife desde 1975, y seguimos aquí para quien quiera hacer las cosas bien.

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