
Llevas décadas seleccionando, radiografiando, descartando reproductores. Crees que el protocolo está sólido. Y entonces un caso te recuerda que hay un hueco en el sistema.
Eso fue Bora.
El caso que cambió nuestro protocolo
Bora era una hembra con Grado A de cadera según AVEPA. La mejor calificación posible. Morfología correcta, carácter equilibrado, línea familiar limpia. La incorporamos al programa reproductivo convencidos de que estábamos haciendo las cosas bien.
El problema estaba en los codos. Ambos. Displásicos.
No lo sabíamos porque, como ocurre en prácticamente todos los criaderos de Presa Canario en España, el protocolo estándar se limita a la cadera. Los codos no entran en el radar. Nadie los radiografía de forma sistemática. Y ese hueco existe aunque el perro sea impecable de caderas.
Cuando detectamos la displasia de codo en Bora, la sacamos del programa de reproducción inmediatamente. No hay matices en esa decisión. Pero el daño ya estaba hecho: habíamos incorporado al programa una hembra con patología articular bilateral en los miembros anteriores. Eso no se olvida.
Lo que sí hicimos fue actuar. Desde ese momento, en Irema Curtó el screening de codos es obligatorio para todo reproductor, sin excepciones.
Lo que la mayoría de criadores no mira
La displasia de cadera acapara toda la atención en la raza. Tiene sentido histórico: fue la primera patología articular documentada y protocolizada, y el Presa Canario, como raza de estructura pesada, tiene predisposición. Pero el codo es una articulación igual de compleja, con igual capacidad para generar dolor crónico y cojera, y con una herencia de base poligénica similar a la de cadera.
Un perro puede tener Grado A de cadera y codos displásicos severos. Son dos estructuras independientes. Evaluar una y asumir que la otra está bien es un error lógico además de un error clínico.
Los síntomas de la displasia de codo son reconocibles cuando ya hay daño establecido: cojera del miembro anterior, especialmente tras el reposo o después del ejercicio, reluctancia a extender o flexionar el codo, y con el tiempo atrofia muscular del miembro afectado. El problema es que cuando esos signos son evidentes, el daño articular lleva meses o años desarrollándose.
Por eso insistimos en el diagnóstico precoz. Entre los 12 y los 18 meses de edad es posible evaluar radiográficamente los codos con fiabilidad. Esperar más no tiene ninguna justificación cuando el objetivo es tomar decisiones reproductivas informadas.
Nuestro protocolo actual
En Irema Curtó ningún perro entra al programa reproductivo sin haber pasado por todas las etapas del protocolo. Sin excepciones y sin atajos.
El protocolo completo es:
- Grado A de cadera según AVEPA — descartamos cualquier calificación inferior
- Codos libres de displasia — evaluación radiográfica bilateral obligatoria
- Boca completa — revisión de dentición según estándar de raza
- Prueba de carácter — porque un Presa Canario con patología de comportamiento no tiene nada que hacer en cría, igual que uno con patología articular
Son cuatro filtros. No tres, no dos. Los cuatro.
"La salud no se promete. Se verifica. El papel que dice que un perro es sano no vale nada si no hay una radiografía detrás."
Esa es la postura que llevamos aplicando en Irema Curtó desde 1975, y que hemos ido afinando con cada caso que nos ha enseñado algo. Bora nos enseñó que los codos importan. No lo olvidamos.
La herencia no funciona por órganos
Uno de los errores conceptuales más frecuentes en los debates sobre selección genética es tratar la displasia de cadera y la de codo como si fueran problemas separados con causas separadas. No lo son del todo. Comparten el fondo poligénico: múltiples genes contribuyen a la calidad del desarrollo articular en general, y la presión selectiva sobre una articulación no te garantiza nada sobre la otra.
Esto significa que la única forma de controlar ambas patologías es evaluar ambas de forma sistemática y tomar decisiones reproductivas en consecuencia. No cruzar un perro con displasia de codo. Punto. No hay caso especial, no hay morfología tan buena que justifique la excepción. La displasia es displasia, y su herencia no desaparece porque el perro sea bonito.
En España, hasta donde conocemos, somos el criadero de Presa Canario que lleva más tiempo aplicando este doble protocolo de forma sistemática. No lo decimos para presumir. Lo decimos porque el estándar de la raza debería ir en esa dirección, y alguien tiene que ir delante.
Lo que debería cambiar en la raza
El Presa Canario es una raza que lleva décadas luchando por consolidar su estándar y su salud. Hay criadores serios que hacen las cosas bien. Pero el consenso de mínimos en materia sanitaria sigue siendo demasiado bajo.
Que el screening de codos no sea obligatorio en los programas de cría reconocidos es una laguna que tiene consecuencias reales: perros con dolor crónico, propietarios que no entienden por qué su Presa cojea, y líneas genéticas con patología articular que se siguen reproduciendo porque nadie hizo la radiografía.
No hace falta esperar a que la normativa lo exija. Basta con decidir que el nivel mínimo propio va a estar por encima del nivel mínimo del sector.
Si quieres conocer los reproductores de Irema Curtó, sus resultados de salud completos, o tienes dudas sobre cómo evaluar la sanidad de un cachorro antes de comprarlo, escríbenos. Llevamos más de cincuenta años en esto y respondemos directamente.
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